Que bien me sentía ese día, atendiendo el negocio frente a mi computadora. Cerca de mi hay una máquina en la que estaban instaladas dos chicas, al parecer hermanas, ambas con sobrepeso aunque una de ellas embarazada. Al parecer chateaban con otra hermana, por lo que pude ver cuando me pidieron conectar la web cam; la hermana en cuestión acababa de dar a luz (me dijeron), y querían conocer al sobrinito. Todo hasta ahí iba muy bien hasta que empezaron a hablar del tema del sobrepeso; una de las hermanas empezó a hacer comparaciones entre ella y la chica embarazada, sobre quién estaba más gorda; hablando sobre hacer ejercicio para bajar de peso porque estaban como pelotas, y ya saben, todas esas cosas feas que se dicen cuando la gente relativamente delgada se mira gorda..., ya no me sentí tan bien.
¿No nos pasa lo mismo a nosotros los gordos?, sobre todo a las mujeres, que al sentirnos deprimidas lo primero que decimos es "qué gorda estoy", y comenzamos a tocarnos las lonjas, la cara, la papada y cualquier adiposidad extraña que veamos en nuestro cuerpo, deseando que en ese momento se aparezca un hada madrina y nos deje en los huesos, bueno... quizá no tan en los huesos, pero al menos que éstos se nos noten.
Hace poco miraba una serie por internet que me gusta mucho, y ocurre algo semejante; la protagonista, mujer rubia, delgada y de buen cuerpo, cuando se deprime lo primero que dice es que está gorda, cuando está muy delgada; una chica comentó que esos diálogos estaban fuera de lugar; imagínense lo que pensamos y sentimos nosotras las gordas al escuchar semejantes declaraciones del personaje de la serie... definitivamente ser gordo no es lo de hoy; sí, ya sé que la salud, bla, bla, bla; pero mientras son peras o manzanas, qué de nuestros sentimientos, qué de nuestra autoestima, de nuestro valor como personas.
Todavía es difícil navegar en este mundo que da culto a la flacura.
